Clinica de alergias Dr.Barcelo - Malaga
 
  Clinica de Alergias Dr.Barceló     
   
     
   Preguntas frecuentes sobre alergia
 

Una de cada cinco personas en España padece o padecerá alguna enfermedad alérgica a lo largo de su vida. Esto quiere decir que algo más de siete millones de españoles sufren o sufrirán alergia.

 
Efectivamente el número de personas alérgicas está aumentando. Momentaneamente las causas no están claras, pero se piensa que la polución, el estilo de vida y la alimentación puedan estar implicados.
 
Es una reacción anormal del sistema de defensas del organismo ante una sustancia que por si misma es inofensiva y no causa ningún daño a las personas no alérgicas. Estas sustancias se conocen como alergenos.
 
Son las sustancias responsables de una reacción alérgica, normalmente proteínas.
 
Las personas alérgicas pueden trasmitir a sus descendientes la predisposición a “hacerse alérgico”. Esto, junto a una exposición en el ambiente a los factores que lo pueden a uno hacer alérgico, dará lugar al desarrollo de anticuerpos IgE y, con mucha probabilidad, a la enfermedad alérgica.
Se considera que el riesgo que tiene la población general de hacerse alérgica es de alrededor de un 10-15%. Cuando uno de los padres es alérgicos, la probabilidad de que un hijo también lo sea aumenta hasta el 50%, y hasta el 70% si los dos padres lo padecen.
 
En Andalucía aproximadamente la mitad de los pacientes alérgicos lo son a los ácaros del polvo doméstico. Y la otra mitad lo son a pólenes, de los que los más frecuentes son el olivo, las gramíneas, la parietariay el chenopodio o cenizo. Estas causas no son excluyentes, es decir, un paciente puede ser a la vez alérgico a los ácaros y a los pólenes.
 
La lluvia ejerce un efecto de “limpieza” de la atmósfera, arrastrando hacia el suelo las partículas en suspensión que hay en el aire, los pólenes entre otros, resultando por lo tanto mucho más difícil que los pólenes alcancen su objetivo dentro del cuerpo, con la consiguiente mejoría de los pacientes.
 

En ninguno de los casos es recomendable suspender a criterio exclusivo del paciente la medicación antiasmática. Las consecuencias de una suspensión de los fármacos puede conllevar más riesgos para el feto que la propia medicación. Más aún, en caso de crisis de asma es muy probable que las necesidades de tratamiento farmacológico sean muy superiores a las de un tratamiento de mantenimiento, por lo que resulta paradójico suspender un tratamiento preventivo a dosis bajas para administrar poco tiempo después un tratamiento de choque con dosis elevadas.

 

Esto es posible en teoría, ya que la cocción y preparación de alimentos puede producir cambios en la estructura química de los mismos, de tal forma que ya no sean reconocidos como tales y pierdan su capacidad de producir alergia. Sin embargo, la mayoría de las veces las proteínas responsables de la aparición de la alergia son termoestables, es decir, resisten las modificaciones de temperatura de la cocción y no llegan a perder ésta capacidad alergénica. Por lo tanto, desde un punto de vista práctico, se recomienda evitar absolutamente los alimentos a los que se encuentra sensibilizado para prevenir reacciones alérgicas que podrían ser muy severas.

 

Uno solo se puede hacer alérgico a aquello con lo que tiene contacto. De hecho, durante alguno de los contactos con el medicamento es cuando se desarrollan anticuerpos contra ese fármaco. Una vez que ocurre esto, si vuelve a entrar en contacto con ese medicamento o con algún otro que se relacione químicamente, se desencadenará la reacción alérgica. Por lo tanto es un error muy común el pensar que por haber tomado durante años sin problemas un determinado fármaco, por ejemplo, penicilina, no es posible hacerse alérgico al mismo.

 

No existe ninguna edad donde no se puedan hacer las pruebas cutáneas, más conocidas como “pruebas de la alergia”. Debido a la inmadurez de un niño, hasta los 5 años aproximadamente tener unas pruebas negativas no descarta que ese paciente sea alérgico.

 

Las “vacunas” de la alergia o “inmunote rapia”, consisten en la administración vía subcutánea o sublingual de dosis crecientes y a intervalos fijados de la misma sustancia que produce la reacción alérgica en el paciente. Con ello conseguimos que el organismo se vuelva tolerante (es decir, que no reconozca “como extraño”) a aquel producto que el sistema inmunológico no admitía y contra el que desencadenaba una reacción.

 

Los medicamentos que controlan los síntomas de la alergia son muy eficaces, pero no curan: su acción solo dura lo que dura su administración, lo que equivale a condenar al alérgico a tomar medicamentos toda su vida. Por contra, la inmunoterapia puede obtener resultados que permitan al paciente permanecer durante años, o incluso el resto de su vida, libre de síntomas, sin tener que utilizar medicamentos de forma continuada.
Actualmente en España hay unos 400.000 pacientes que se benefician de la inmunoterapia. El Alergólogo es el único especialista capacitado, tras un estudio detallado, de indicar cuando y en qué pacientes está indicado la inmunoterapia, ya que no todos los pacientes alérgicos pueden ser tratados con ésta técnica.

 

El término “antialérgico” es incorrecto para referirse a productos que no ocasionen alergia, ya que deberían en todo caso llamarse “productos hipalergénicos”.
Para que un producto sea considerado “para alérgicos”, deben reunir condiciones que hagan muy difícil que alguno de sus componentes se convierta en sustancia que produzca alergia al contactar con la persona sensible. Para determinar esto se requieren ensayos y experimentos, en una palabra, estudiar muy bien el producto.

 
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